Mí paso por Grecia dió mucho material para los exploradores, que se atrevieron a vestirse de cocineros y experimentar nuevos sabores…

Después de mucho andar, aunque en la linea del tiempo sea tan corta, arribamos a nuevas tierras. Por cierto medios mareadxs, porque- bueno- no viajamos en semi- ni cama entera, el movimiento de la bici nos dejan sentir cada metro del camino.

¡Estamos fascinadxs! “GRECIA”: bella, intensa, antigua y presente, misteriosa, cargada de aromas y dioses. Allí nos bajamos, como si voláramos siguiendo una estela mezcla de olivo y sales de mar.

Este pedazo del mundo nos cuenta de un tiempo en donde las divinidades convivían con los hombres y mujeres en un mismo espacio físico para luego volverse a sus propios aposentos: “El monte del Olimpo”. Era tan la cercanía en estas tierras, en una frontera borrosa entre el “cielo y la tierra”, que los dioses reflejaban dilemas éticos, contaban de miserias y grandes hazañas, contradicciones, peleas, en fin un poco de humanidad en cuerpos de dioses o semidioses.

Imaginemos que difícil se nos hace comprender con mirada de niñxs estas explicaciones del mundo: una cosmovisión “politeísta”.

Para aprender a veces recordamos, rejuntamos: ¿cómo los que creían en el Dios del sol y la luna…los indios?…. -mmmmmmm, algo así.

Recorrimos uno de los relatos mitológicos: “Dafne y Apolo”. El mito nos cuenta del amor, de las consecuencias ante la falta de bondad; también nos invita a reconocer el origen de la hoja de laurel, presente en nuestras banderas y aún en el himno nacional. Su significado cruzó el océano y sin dar cuenta hoy lo usamos como signo de “gloria” y mas cotidiano aun: “para darle sabor a la salsa”.

DAFNE Y APOLO, de la mano del arte.

Entendiendo que este viaje se vive con todos los sentidos y sabiendo que a “panza llena corazón contento” nos introducimos en la cocina, desplegando aromas, probando alimentos que conocemos pero que combinamos diferente o simplemente: ¡Puaj! nunca comeríamos o lo seleccionaríamos para nuestras mesas familiares. Los protagonistas innombrables fueron: pepino, berenjenas, aceitunas negras, aceite de oliva, ajo. Los mas amigos y compinches fueron: tomates, carne picada, queso, limón, aceite de girasol. ¿Nosotros- niños y niñas- tenemos sabores diferentes a lo de los grandes?. ¿Cómo pueden comer eso?. Allí la magia de los caminos: cada tierra ofrece diferentes alimentos que cada comunidad prepara a su manera. – ¿No hacen empanadas?, – ¡algo así pero con forma distintas!, pensamos, reímos y, por supuesto, comemos.

A tu salud Iva!!!!

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